Está confirmado. Quienes vivimos en Colima y quienes nos visiten la próxima temporada vacacional de diciembre, tendremos la posibilidad de estrenar la tan esperada ampliación a tres carriles de la autopista Colima-Manzanillo. Una obra que además de su impacto en materia turística, tendrá alcances importantísimos en el flujo de carga, transporte y movilidad en general.
Además de anunciar la habilitación de dos carriles para agilizar el tránsito en lo que resta de la obra, la gobernadora Indira Vizcaín Silva y las autoridades federales, reiteraron que antes del inicio del periodo vacacional de fin de año, esta vía abrirá totalmente la circulación, porque los trabajos ya registran avances por arriba del 80 por ciento y la proyección permite condiciones de tránsito sin obstáculos ni interrupciones.
Lo que ha logrado el actual gobierno no es cosa menor. Un proyecto carretero con estos alcances, que se conjuga con otros motores de desarrollo como el turismo, el comercio y la actividad portuaria, potencian la prosperidad y el mejoramiento de la calidad de vida no sólo de Colima sino de la región, al tratarse de un corredor logístico que conecta a esta zona con el resto del territorio nacional.
Que estemos a menos de cuatro meses de materializar lo que se veía lejano, es un aliciente y la manera de compensar en parte las complicaciones y situaciones adversas que por su naturaleza generan este tipo de obras, y en las que la autoridad tomó cartas para minimizar en lo posible las afectaciones. Siempre fue preocupación y ocupación de la mandataria y de su equipo.
En Colima podemos esperar lo que ha ocurrido en otras partes del país con ampliaciones como ésta: transformar radicalmente la dinámica de las comunidades, al reducir los tiempos de espera, disminuir accidentes por congestionamiento y conectar zonas metropolitanas o industriales en expansión, facilitando el comercio, el turismo y la movilidad diaria de los habitantes.
Casos hay muchos, por citar algunos: el Bulevar La Juventud en Durango, la conexión Bahía de Banderas en Jalisco y los corredores industriales Saltillo-Monterrey, donde la experiencia de crecer en espacio y capacidad de vías, se tradujo en un mayor flujo vehicular con menores lapsos de trayecto y la optimización en la logística del transporte turístico y de carga.
Sin duda, la ampliación de su autopista es algo que le urgía a Colima desde hace muchos años, principalmente porque en su tramo Colima-Tecomán el flujo diario supera los 26 mil vehículos, de los cuales cerca de cinco mil son unidades pesadas. A ello podemos sumar que la zona de La Salada concentra históricamente una alta siniestralidad por las condiciones en las que antes se encontraba. Es cuanto.