De todo un poco

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¿Puede ColiBecas para el Futuro reducir la ansiedad social y las diferencias estructurales en la educación superior de Colima?

México pasó años enteros hablando de las juventudes sin escucharlas y atenderlas realmente. A las juventudes se les convirtió en eslogan de campaña, en imagen para spots institucionales o en estadística para los informes de gobierno. Pocas veces las políticas públicas se diseñaron entendiendo el tamaño real de las barreras que enfrentan millones de jóvenes para construir un proyecto de vida.

La precariedad laboral, el aumento del costo educativo, la incertidumbre económica y la desigualdad territorial terminaron levantando un muro silencioso entre las juventudes y la posibilidad de ascenso social. Ahí sembró su semilla la intranquilidad y la maldad con la que se alimenta la delincuencia.

Por eso, cuando un gobierno decide intervenir directamente para reducir los costos de acceso a la educación universitaria, el mensaje político cambia de fondo. ColiBecas para el Futuro parece moverse precisamente en esa lógica.

No solamente porque cubre inscripciones universitarias, sino porque reconoce algo elemental: el bienestar juvenil también se construye evitando que los estudiantes abandonen sus carreras por razones económicas.

Y eso importa particularmente en estados como Colima, donde miles de familias sostienen el esfuerzo educativo con enormes sacrificios cotidianos.

La política social del siglo XXI ya no puede limitarse únicamente a atender pobreza extrema. También debe impedir que sectores completos retrocedan socialmente. Debe generar condiciones para que las juventudes no hereden automáticamente las limitaciones económicas de sus hogares.

Ahí es donde la educación superior se vuelve una herramienta central de bienestar.

Un título universitario no garantiza automáticamente prosperidad, pero sí amplía capacidades, acceso a redes, movilidad laboral y posibilidades de autonomía. En términos colectivos, una sociedad más educada también suele ser una sociedad más innovadora, más crítica y más participativa.

Existe además un elemento simbólico importante: cuando un estado invierte en sus jóvenes, transmite una señal de reconocimiento. Les dice que vale la pena apostar por quedarse en la escuela, estudiar y construir comunidad.

Lo hecho ahora por el Gobierno del Estado que encabeza Indira Vizcaíno Silva tendrá consecuencias en el desarrollo de Colima con una visión de futuro, pero habrá también un eco en el presente: ¿cuántos jóvenes sufren por ansiedad social, violencia digital y sensación de incertidumbre permanente?

Las políticas públicas que generan horizontes importan más que nunca y ColiBecas seguramente ayudará a reducir estos problemas de salud mental y estructural.

Y quizá ahí radique el mayor valor político de programas como éste: entender que el desarrollo de una generación no puede depender exclusivamente de la capacidad económica de sus familias. Es cuanto.